Poesía





"Zona Maríntima" Jose Luis Pérez Fuillerat


"Zona Maríntima" Jose Luis Pérez Fuillerat

José Luis Pérez Fuillerat (más)


Zona Maríntima
Ediciones Rubeo

SECRETO MAR

“La mer, la mer, tojours recommencé”.
Paul Valery

El horizonte agranda tu silueta
de ambiguo mar, cercano y misterioso,
sin que alcance a entender el proceloso
tejer y destejer de tu ola inquieta.
Pájaro azul de sal, en tus espumas
palpita la radiante llamarada
con la que vas dejando en mi mirada
el esplendor tenaz con que me abrumas.
¿Se agotará tu genio en el poniente
mientras sumido en sombras te reclamo
la luz que en ti renace eternamente?
La luz que se deshoja como un ramo
estallará en el último rompiente
con la misma pasión con que te llamo.
~~ ● ~~

MAR INDULGENTE
¿Quedará vivo el mar cuando yo muera
sin el aliento azul de lo divino?
¿Podrá dejarme abierto ya el camino,
hacia el espacio inmenso sin frontera?
¿Pila será de mi arrepentimiento?
¿Sus aguas sanarán las cien heridas
que no cerraron bien, pues doloridas
agravan entreabiertas mi tormento?
Yo sé que el mar será siempre esperanza,
reflejo y voz del cielo que perdona,
pues juzga nuestros yerros con templanza.
Iré hacia ti, dios‐mar, a su otra orilla,
y allí, sin oropeles ni corona,
proclamaré su excelsa maravilla.




"Jábega" Jose Mª Moncada

José Mª Moncada (19xx)


Jábega

Hombres púrpura te llevaron por este mar cerrado y antiguo,
otorgándote el ojo guía que saja el agua eterna,
ojo avizor de olvidadas mitologías.

Esta costa, luminosa y cálida, es tu último reducto.
En cada ola un mar de lágrimas.

Cuando navegas resuena el grito del timón
y de inmediato
los brazos que te llevan se tensan
y el remo hace palanca sobre el agua,
vereda incierta, alejándote con tu cuerpo ondulado.
La tajamar surca un camino sin señales que
desaparecerá en el preciso instante en el que se aleja.
La mar callará tu paso.

Tu única reminiscencia guerrera, el pico de proa,
sigue apuntado la dirección a seguir,
sosteniendo la voluntad de todos... adelante.
Esta mar te contempla desde abajo
rodeada de espuma silenciosa
como suspendida en el cielo
transportando almas en tránsito
guiada por el fibroso brazo del pescador,
por la áspera mano cuarteada por el sol..
El mismo sol y el mismo mar
para una sola jábega, siempre la misma,
que navega con sudor y alma.

La jábega pescadora,
cuando finaliza el ritual,
ofrece el copo, alimento vivo y plateado,
al esfuerzo del día.
Te llevan a empellones de nuevo a tierra
justo en la frontera del agua
en tu refugio materno.

Jábega que caminas con el lento tiempo del pasado
con el ritmo obsesivo de los remos que
como una sola exhalación te impulsa tranquila
por tu territorio de azulada sal.


La jábega malagueña [Andrés Fernández Sánchez]
(junio 2010)

Andrés Fernández Sánchez [más]


__I

Rasga la ola rompiente
con la proa que ojo enseña
la jábega malagueña
virando rumbo a poniente.
Su quilla, cruza silente
la cuerda de la bahía
y reman con armonía
los nervudos marineros
al son de los altaneros
gritos, que da el patrón-guía.

___II

Al ímpetu de los remos
la jábega se encabrita
y el de la espaillla grita:
¡¡ A ver si remar sabemos,
hombres del Palo, que semos
de Málaga los mejores!!
Y los brazos remadores
al unísono bogando,
van a la barca impulsando
con afán de ganadores.


Mar (Mª Victoria Atencia)
De Marta & María (1966)
publicado en el libro "Real Club Mediterráneo de Málaga 1873/1998", Ediciones Benedito (pág. 116)

Mª Victoria Atencia [más]

Mar      (voz de la autora)

Bajo mi cama estáis, conchas, algas, arenas;
comienza vuestro frío donde acaban mis sábanas.
Rozaría una jábega con descolgar los brazos
y su red tendería del palo de mesana
de este lecho flotante entre ataúd y tina.
Cuando cierro los ojos se me cubren de escamas.

Cuando cierro los ojos, el viento del Estrecho
pone olor de Guinea en la ropa mojada,
pone sal en un cesto de flores y racimos
de uvas verdes y negras encima de mi almohada,
pone henchido el insomnio, y en un larguero entonces
me siento con mi sueño a ver pasar el agua.


Olas (José Manuel Cabra de Luna)

publicado en el libro "Real Club Mediterráneo de Málaga 1873/1998", Ediciones Benedito (pág. 220)

José Manuel Cabra de Luna [más]

Olas

Silencio: el mar nos oyes
atento en la quietud que le es precisa.
Como animal inmenso tendido
para siempre, él nos escucha.
Callados ya, todo es rumor
de olas y espumas,
un reino acuático, una canción
de nuestra cuna antigua,
un tiempo estable en el espacio
único, una distancia larga que en sí
se ha consumido, un agua plana,

un pasado que llega lentamente
prendido en este péndulo
que a las arenas lame
y recupera para el mundo animal
donde las aguas, cansadas de rodar,
no vuelven a su cauce.


Emilio Prados
De Calendario incompleto del pan y el pescado
(1933-34)

Emilio Prados [más]

VI
AGOSTO EN EL MAR (Fragmento)

Arde el sol sobre las playas.
Como una navaja abierta,
su verde cuchilla el mar
tiende brillante en la arena.

Tiembla la siesta en el agua.
Como un ascua cada piedra,
encendida por agosto,
su boca de fuego enseña.

Medio desnudos, descalzos,
hambre tan sólo en su espera,
dolor sólo en sus caras,
sólo en sus sueños tristezas;
cuerpos, o sombras de cuerpos,
que del cuerpo ni aun les deja
la figura de su nombre
la carga de sus miserias,
silenciosos y encorvados
bajo las tirantes cuerdas
que, clavándose en el mar,
las amplias redes sujetan,
los pescadores repasan
las horas de su pobreza. (...)




Fotos de Gary MCParland (1x.com)

Lola Ruíz Maurazos [más]

Jábega rota

Varada en la arena olvidada en las sombras
yace sola en la playa.

Con tus cuadernas rotas de maderas resecas
cubiertas por la sal y el batir de las olas.

Oteas el horizonte como geisha confusa
sin comprender nada.

Con tus ojos pintados en la amura del barco
con lágrimas de mar, inconsolable lloras.

Tienes miedo a la noche no ves brillar la luna
ni estrellas que te guíen como en pasados tiempos.

Tú preguntas al viento ¿por qué te abandonaron?
Él, orgulloso, pasa sin contestar nada.

¡Ay, mi jábega rota!, de bellos ojos grandes
sola y triste en la playa.

No te has dado cuenta que a lo viejo y cansado
ya no lo quiere nadie.





Foto de Manuel Viola


Foto de MD

Antonio Trigo [?]

Antaño…
Bogando sin descansar
los sufridos pescadores
para sacar los mejores
boquerones de la mar.
bogando sin descansar…
o tirando de la tralla
trayendo el copo a la playa
con sudores al jalar.

Ahora…

No hay peces para pescar;
para no morir en la arena
esta jabega marinera
en regata se hace a la mar.

Revista Reflejos (31/08/1904)


Revista Reflejos (31/08/1904)

Rosendo Rodríguez
[Revista Reflejos - 31/08/1904]


Tipos populares

La Barca en la playa
con las redes dentro
y los pescadores
de cutis moreno
arriman la espalda
contra el duro leño
y al agua lo botan
con grandes esfuerzos.

Al caer al agua
saltan todos dentro
y unos tras otros
empuñan los remos
y bogan con bríos
las redes tendiendo
ciñendo los mares
que cruzan ligeros.

Al llegar a tierra
saltan todos prestos
y las trallas cruzan
al sufrido cuerpo
y unos suspirando
y otros sonriendo
van sacando el arte
del líquido inmenso.

Armando algazara
todos muy contentos
arrastran el copo
en el amplio lecho
de arenas y chinos
según es el suelo
que pisan descalzos
sufriendo en silencio.

Al abrir las redes
se ven prisioneros
frescos boquerones
curvando sus cuerpos
de olor de plata
que van sucumbiendo
uno en pos del otro
hasta qudar muertos.

Desde el copo pasan
a los cenacheros
pescaderos típicos
puros malagueños
que cenacho al brazo
lleva con gracejo
y nadie le imita
sus peces vendiendo.

Esos peces mueren
con el solo objeto
de darnos la vida,
cuando los comemos.
¡¡Natural contraste,
que tiene su pero,
como en este mundo
todos los tenemos!!




Los jabegotes (esbozo)
(1901)

Ricardo León (1877-1943)  [más]

Los jabegotes (esbozo)

En las playas pacíficas y escuetas,
bajo un sol flameante que calcina,
se arrastran los marítimos atletas
dibujando sus míseras siluetas
sobre el cálido azul de la marina.

Son los valientes jabegotes;esos
esclavos de la playa que, rendidos,
sus músculos quebrantan y sus huesos
en un trabajp de dolor y excesos,
al yugo eterno de la red uncidos.

Curtidos por los recios temporales
tostados por el sol, medio desnudos,
se arrastran por los secos arenales
vibrando con acentos guturales
rudas canciones y sarcasmos rudos.

Véase a lo lejos sus curtidas frentes,
sus tórax poderosos y morenos,
sus espaldas hercúleas, sus potentes
músculos de gimnastas, sus ardientes
y taurinas cervices de agarenos.

El implacable cielo centellea
con luz de incendio y resplandor de fragua;
el sol, ardiendo en el cenit, flamea,
y un alud de gaviotas aletea
refrescando sus plumas en el agua.

Un aliento de asfixia silenciosa
pende sus rojos y flotantes velos;
el mar, rendido de calor, reposa,
y una calma voraz, caliginosa,
duerme sobre las playas y los cielos...

(-¡Ah de las frescas brisas de Levante!
¡Ah de la densa sombra y la delicia
de la noche pacífica y fragante;
del viento que palpita susurrante
con el dulce batir de una caricia!-)

Y siguen arrastrándose, sedientos,
con lentitud monótona, los bravos
luchadores del mar y de los vientos...
¡hijos pobres, expósitos y hambrientos
de un pueblo de ignorantes y de esclavos!