Manolo Rojas López


Manolo Rojas López (jabegote de El Palo, Málaga)


Manolo
como es conocido, viene al mundo a finales de 1930 en La Cala del Moral. A los 9 años y por razones de necesidad tiene que arrimarse al rebalaje y a las barcas, llegando a pasar mucho frío y hambre. Pronto se convierte en gardón en la mítica Llorona de los hermanos Montes, barca señera en La Cala. Ese inicial contacto con esos anónimos personajes no famosos del rebalaje -jabegotes- siempre le acompañará durante toda su vida.

A los 12 ó 13 años y por unos años se embarca como uno más a razón de 15 céntimos el jornal, hasta que finalmente entra en el colegio de ciegos. Con 18 años comienza con la venta de cupones en la calle.

Fue al Instituto de Enseñanza Media de Málaga ya que además de ser un buen estudiante asimila todo lo que se le comunica dada su excepcional capacidad memorística que aun, y a su avanzada edad, sigue conservando. Obtenida una beca de la ONCE -fue el primer invidente en Málaga en lograr una ayuda por estudios- consigue ampliar sus conocimientos matriculándose en Magisterio, llegando incluso a desplazarse a Alicante al único centro existente en España para cursar Educación Especial.

Posteriormente ingresa en la ONCE desarrollando una prolífica labor, teniendo distintas responsabilidades en la citada organización que van desde Compromisario a pertenecer al Consejo Nacional lo que obligó a desplazarse semanalmente a Madrid, pasando por Vocal del Consejo de Previsión Social, Jefe de Ventas, responsable de Tesorería hasta retirarse en Málaga al frente del Departamento de Servicios Sociales.

Manolo Rojas López (jabegote de El Palo, Málaga)

En 1963 acude a Madrid para conmemorar el XXV aniversario de la creación de la ONCE. Como persona comprometida con su organización acude al Congreso de los Diputados donde es recibido junto a una comisión de invidentes, llamando la atención a sus señorías sobre los problemas reales que tenían los vendedores, haciendo una especial llamada de atención en la necesaria dignificación de la profesión ante el acoso y presión por parte de La Rápida. Por aquellas declaraciones fue amenazado en varias ocasiones. Su teléfono fue intervenido por la Policía. Aquella reivindicación sirvió para que años después, 1984, la ONCE reformase al alza el formato de premios entonces establecidos, consiguiendo revolucionar todo el sistema dando un serio golpe a La Rápida.

Un cáncer hace que en 1995, coincidiendo casi con la edad de jubilación, dejase su ajetreada vida laboral, entregándole sus compañeros de departamento en señal de reconocimiento por su dedicación pasada y a sabiendas de su pasión por el mar una embarcación de plata como recuerdo.

Su aparente problema de visión nunca ha sido inconveniente para la práctica de la pesca deportiva en la bahía, actividad que adora.

13/04/2014 Artículo en La Opinión [aquí]